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Se paró el reloj

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Te he buscado en un millón de auroras Y ninguna me enamora... (Alejandro Sanz) El reloj se paró a las seis y diez del día 21 de algún mes. Sería septiembre, octubre, noviembre, diciembre... de hace dos años. El tiempo se paró. Fue como ir corriendo y entrar de golpe en una especie de nube sin dimensiones, sin formas ni fin. De la noche a la mañana, la aguja dejó de correr. Sencillamente se paró, agotada, después de dar miles de vueltas, a la espera de volver a empezar. Y ahí sigue, en el mismo sitio que cuando dejó de correr. Las seis y diez, de la mañana o de la tarde. Nunca me fijé. Nunca me importó demasiado. El tiempo paró, pero el sol siguió saliendo cada mañana. Días nuevos para una vida que avanza sin horas, sin ayer, sin mañanas, sin tardes. Y sin ti. Amanece y el tiempo sigue parado, los días iguales, idénticos unos a otros, haga frío o calor, llueva o haga sol, sea invierno o verano, estemos en Navidad o en Semana Santa, libre o trabaje.  Esta noche hace...

Ave perdida

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De vuelta de Galicia, tan húmeda y lluviosa como misteriosa y bella, he escuchado la canción de Pedro Guerra y me he quedado con su letra grabada en la cabeza. La lluvia cae, no deja de caer, y nunca vuelve hacia arriba... Lo comparto con vosotros Aunque el mar vuelve nunca es el mismo mar La tierra nos devuelve otro sol cuando gira Y todo tiende a huir y vuelve a empezar Y cambia de impresión cada vez que respira Y nadie sabe si esta vez es la vez Y todo lo que un día ocurrió se termina Y casi siempre todos quieren correr Pero hay que estar atento porque el mar se vacía La lluvia nunca vuelve hacia arriba Y si estuviste ahora luego no estás Y nunca más te vi y no fui nada en tu vida Y si no dudas todo puede pasar Y si no pasa siempre sana la herida La lluvia nunca vuelve hacia arriba La lluvia nunca vuelve hacia arriba No lo pienses mucho más No pienses mucho más  Saltar No pienses tanto lo que debes hacer El tiempo corre y luego es ave perdida La lluvia ...

En mi barca

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Dime por qué preguntas Cuánto te he echado de menos, Si en cada canción que escribo corazón Eres tú el acento. No quiero estrella errante, No quiero ver la aurora Quiero mirar tus ojos del color de la cocacola (...) La vida apenas solo dura un rato Y es lo que tengo para estar contigo Para decirte lo que nunca canto, Para cantarte lo que nunca digo. (Fito y Fitipaldis. "Por la boca vive el pez") La balsa se mueve con parsimonia . Es un balanceo incesante, sereno, interminable. Abro los ojos y no sé dónde estoy. El cielo azul radiante, arriba. Luz cegadora, abrasadora. El único sonido es el agua que chapotea junto a mí.  Me incorporo y observo a mi alrededor el mar inmenso, infinito, que se funde con el cielo. Azul sobre azul, luz sobre luz. Y aquí, en medio de la nada, o en medio del todo, mi pequeña barca a la deriva, sin timón, sin remos, sin velas. Solo flota, se deja arrastrar  por una supuesta corriente y espera. Espera a que llegue una to...

Madrid, la Batalla del Congreso

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En el Congreso, los diputados debatían si hay que recortar los sueldos a los cargos públicos en España. Una iniciativa al calor de la demagogia y el populismo del momento, que rechazó la mayoría. Seguía la discusión con algo de hastío, cansado de escuchar argumentos de corto vuelo en un momento en que me gustaría que surgiera un líder en el Parlamento al que admirar, con ideas e ilusión para sacar a España de este agujero. En esas estaba cuando decidí salir a la Plaza de las Cortes, para ver cómo andaba la cosa. Se había convocado una manifestación contra el Congreso. "Tomemos el Congreso" , decían los convocantes en un principio. Por la mañana todo estaba tranquilo, aunque la Policía había tomado literalmente el centro de Madrid. Fue salir al exterior, ya por la tarde, y escuchar un rumor ronco de gentío alborotado. La tranquilidad se había esfumado en pocas horas. Miré hacia la Plaza de Neptuno y me quedé pasmado. Miles de personas se habían concentrado con el propó...

El oscuro ritual de luna llena

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El verano llegaba a su fin, al menos en el calendario. Fuimos a dar una vuelta por el campo y la montaña, para despedirnos en manga corta del calor, ahora que todavía se podía. Era una mañana de septiembre soleada, sin viento y sin excesivo calor, unos 30 grados al mediodía. Nos adentramos por un camino cercano a la carretera, repleto de restos de ramas y troncos cortados en el suelo. Olía a pino y a tierra reseca, asfixiada por la interminable sequía.  El camino, en sombra por el bosque que rugía con el viento, avanzaba hacia el interior de la montaña. Era un sendero bien marcado, pero cubierto por miles de ramitas y trozos de madera abandonados a su suerte. Las hormigas correteaban en fila, en perfecta formación. Y nosotros, aunque solo éramos dos, también. Así anduvimos hasta que, pasados unos 20 minutos, el bosque clareó y se hizo la luz brillante del sol . El cielo se dejó ver en todo su esplendor veraniego. El camino continuaba, aunque más abierto. Así que seguimos ...

Desde Madrid

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Ya estoy aquí otra vez. Ignoro si alguien lee este blog , aunque solo sea por aquellas casualidades, o cálculos, de Google. Un día buscas en tu ordenador incienso en el Rastro y acabas en mi blog sin saber cómo. Cosas de internet, que son las que, quizás, han hecho que haya tenido algo más de tres mil visitas hasta ahora. La mayoría, mías, para ser sinceros. El puñado de entradas al blog que no me pertenecen han debido de rebotar como una pelota en el frontón. Chocan contra este muro y salen con más fuerza todavía, sin dejar siquiera un comentario. El único comentario que poseo, y que guardo como un tesoro al que miro de vez en cuando con avaricia, lo escribí yo mismo hace meses. Y después de este strip-tease de sinceridad sobrevenida , envío un saludo a los pocos lectores que, ya sea por la magia de Google o por cualquier otro motivo que se me escapa, han acabado aquí. Si encima están leyendo estas líneas, en el tercer párrafo de una entrada de pésimo contenido, merecerán un h...

Beso en la noche

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Te miré y me miraste. Con esos ojos en los que cabe el mundo entero. La vida, mi vida, reflejada en ellos. Es mirarte y zambullirme en otro universo donde solo estamos los dos, tú y yo. Nadie más. Te miro, me miras y ya solo existes tú. Tú y yo. Ajenos a lo que nos rodea, a las ruidosas personas que pasean a estas horas de la noche en nuestro parque antes de que echen el cierre. Tu beso es dulce como la nata. El tiempo se ha parado a nuestro alrededor, como si nos hubiéramos bajado de un tren en marcha y dijéramos adiós a la máquina enloquecida que se aleja a toda velocidad. La noche se nos ha detenido en este beso largo, infinito, sin principio ni final. Un beso que da sentido a la vida y que te hace olvidar hasta tu nombre. Embrujados por una noche de verano sin luna, pero repleta de estrellas, descansamos a la sombra nocturna de unos olivos, sobre la hierba húmeda. Tumbado en la ladera busco en el cielo estrellado la osa mayor y el carro, como he hecho todas las noches de mi...