Glamour y basura
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Palacio del Elíseo, París, 12 de noviembre de 2013 |
Pese al mal tiempo, París deslumbra. Algo tiene esta ciudad que sobrecoge, inspira, te reconforta. Será la grandeza que desprende, la luz especial que tiene (desde el avión es una ciudad blanca y extensa, y en medio de su blancura sobresale la dama de hierro, como una reina que vigila sus dominios) o la cultura que se intuye en cada rincón, en cada avenida, casi en cada edificio. Quizás sea el "glamour", que la Real Academia define como "encanto sensual que fascina". Es cierto, es sensual y es fascinante.
El viaje dura apenas dos días. Lástima no tener a quien escribir, a quien llamar para compartir lo que esta ciudad te hace sentir cuando paseas junto al Sena, desde la Place de la Concorde, cruzando sus puentes, hasta rendir pleitesía a la Torre Eiffel. El otoño ha cubierto los paseos de hojas secas, que certifican que la estación ha cambiado, que otro ciclo ha terminado. El río baja impetuoso, con una corriente sorprendente que lleva el nivel del agua hasta la parte más alta de los diques, a punto de inundarlos.
La vuelta a Madrid resulta traumática. La ciudad vive su noveno día de huelga salvaje de recogida de basura en las calles. Los sindicatos se han encargado de vaciar bolsas enteras de desperdicios y porquerías por todas partes y la imagen es lamentable. Amigos, toca chapotear en el estercolero. Del "glamour" a la basura. Es el regreso a la realidad prosaica del día a día, a la rutina de miserias y falta de grandeza que te despeñan en un minuto desde el cielo hasta el duro suelo, con un tortazo considerable incluido.
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París, noche del 11 de noviembre de 2013 |
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