Visto desde Grecia
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Atenas, 15 de enero de 2015 |
"Guárdate de la gente del pueblo"
Jesús Carrasco, en "Intemperie"
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"Cuando surge el pánico la mente se atasca como el cordón de apertura de un paracaídas: y uno sigue cayendo"
Truman Capote, en "Crucero de verano"
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En vísperas de las elecciones de Grecia, en las que unos días después ganaría el populismo de Syriza y Alexis Tsipras, llegué a Atenas, todavía con la resaca navideña y en pleno subidón nacional por unos datos super-macro-económicos que dicen que vamos mejor. Como los datos son los datos, habrá que creerlo, aunque los indignados, coléricos, mal encarados siguen siendo una legión.
No es que haya indignación, es que ahora mismo en España hay una mala leche que rezuma por todos los costados. Los españoles, a menudo, cuanto peor están más irónicos se vuelven. Y una muestra de ello fue el terremoto que se sintió en Madrid el pasado 23 de febrero. Fue de 5,2 en Albacete, epicentro, y de 3,5 en Madrid. Primero fue el susto, porque, dicen, el temblor se sintió con claridad y casi violencia en la capital, pero justo después llegó la risa tonta, la que sale del nerviosismo, pero también la que es el principal arma que utilizamos en este país para quitar hierro a todo, incluso a nuestro malestar. Hay talento, y se usa para reírnos de nosotros mismos.
A mí el terremoto me sorprendió en La Moncloa. Tal cual. Me enteré por la prensa, como diría Felipe González. Nada más conocer la noticia, todos los que estábamos allí empezamos a hacer bromas y a reírnos de ellas, sin saber aún lo que había pasado realmente. Españolismo puro.
Se supone que iba a hablar aquí de Grecia, Atenas y el Acrópolis, incluso. Pero como dijo el escritor, cuando empiezo a escribir nunca sé por dónde me llevará el teclado del ordenador, qué lugares insospechados de mi mente guiarán los dedos ni qué historia se irá construyendo. Poner el titular antes del texto es lo que tiene. Intenta condicionarte, pero casi nunca lo consigue.
Ah, por cierto, y Atenas, medio en ruinas. No solo por el Acrópolis, digo. Falta pulso a esa ciudad milenaria, pulso e impulso para meterse de lleno en el siglo XXI. Miro a España desde la capital griega, allí en la distancia, en un extremo del Mediterráneo, y siento que vivo en uno de los mejores países del mundo. Pese a todo. Pese a muchos.
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