Escapada al norte (día 17)
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Vista del Faro de Finisterre, a lo lejos |
Amanezco en Finisterre (hotel rural Prado da Viña).
Duermo en Baiona (Hotel Tres Carabelas).
Entre medias: varias horas de coche por carreteras secundarias, playa de la Lanzada y paseo por Baiona.
Kilometraje: 1.660 km.
Comida: Sin comer.
Cena: Arroz con bogavante, chipirones, tarta de queso y Albariño.
Momento del día: El reencuentro con Maria Eugenia, después de más de 20 años.
Lo mejor: La caminata por la Lanzada, tantos años después.
Lo peor: El baño del hotel de Finisterre, y sobre todo la ducha, preparada para dar esos masajes por todas partes y que necesita un manual de instrucciones para ponerse en marcha. Pero yo solo quería ducharme, y me fui sin hacerlo.
En Finisterre tienes la sensación de estar, efectivamente, en el fin del mundo. Es hora de coger el coche y emprender la última etapa del camino que me ha llevado por todo el norte de España. Opto por ir por carreteras secundarias (y terciarias), y Google map se recrea en mil requiebros, pero salgo vivo de la prueba. Más de dos horas después llego a la playa de la Lanzada.
Quería hacer un alto en esta playa que siempre relacionaré con mis padres. El recuerdo de una playa violenta y peligrosa se deshace en cuanto aparco. Hace un día espléndido. El verano ha llegado ya a estas tierras. El agua está cristalina y el sol pega de lo lindo. El paseo de cabo a rabo por la playa es uno de los mejores momentos del día.
Cerca de las cuatro de la tarde, y con el termómetro del coche a unos 30 grados, pongo rumbo a Baiona. Es otra hora y media de ruta por vías secundarias. Casi a las cinco y media de la tarde llego al pueblo para reencontrarme con mi amiga Maria Eugenia. Estamos igual. Buenos, ella más que yo, la verdad.
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